El Herbarium

Stephanie pasó a buscarme cerca de las 11:30 hrs, me pidió prestada una bicicleta, ya que venía muy incómoda pedaleando en una bicicleta que se había conseguido, después de comprobar que la suya estaba pinchada.

Una vez cambiada las bicicletas, comenzamos a pedalear rumbo al Herbarium, el primer tramo por avenida Arrieta lo hicimos por la vereda, pues aprovechamos de conversar lo último acontecido en nuestras vidas. Me contó que al fin había renunciado a su trabajo como profesora de inglés en un conocido instituto, situación que la tiene muy contenta y aliviada. Ahora comienza a proyectarse con mayor entusiasmo en lo que realmente le interesa, el mundo del Huerto Hada Verde y las proyecciones que dibuja esta actividad. Por esta razón es que se sintió muy motivada ante la invitación que le hice de conocer el Herbarium, lugar del cual muchas personas nos habían hablado, destacando su hermosura, su ubicación, la dedicación del trabajo que allí realizan entre otras cosas.

Arrieta comenzaba a empinarse lentamente, ya pedaleábamos por la calle misma, Stephanie iba adelante, yo la veía desde atrás pedaleando sin problemas, mientras que mi respiración comenzaba a tomar un ritmo más rápido. El estilo de las casas variaba dependiendo del lado de la calle, a nuestra derecha, las casas se veían con más años de antigüedad, de ladrillos que recuerdan a las viviendas sociales, mientras que al lado izquierdo comenzaban a aparecer conjuntos de nuevos condominios, con guardias, portones eléctricos, con colores mostazas uniformes. Poco a poco el tránsito vehicular comenzó a decaer, de repente nos adelantaba una micro de Transantiago, pero el aire se hacía más fresco, por nuestra orilla derecha corría un hilo de agua transparente, después de la lluvia parecía una vertiente que corría estrepitosamente libre por la calle.

Nos acercábamos a la cordillera, esa sensación de frescura, de altura comenzaba a sentirse y por supuesto en nuestras piernas que ya hacían un esfuerzo importante por seguir pedaleando. Comentábamos algunas travesías que hemos hecho en bicicleta y también caminando, Stephanie me contó de la peregrinación que hizo en España, en la región de Galicia, casi un mes caminado por distintos parajes y pueblos, contemplando la diversidad del trayecto. Por mi parte le conté algo acerca de mi experiencia en bicicleta recorriendo la costa de la Novena Región hasta llegar a Calbuco, sin duda experiencias llenas de recuerdos y sensaciones de tiempos felices, de libertad de sol y lluvia, pero con alegría.

Paramos un par de veces, le pregunté a un joven si conocía el Herbarium, venía escuchando música y me dijo que no, pero que íbamos bien por la calle Arrieta. Stephanie sabía que los portones rojos que veíamos al fondo correspondían a la Universidad Sek, por lo que no estábamos tan lejos. Seguimos un poco más y de pronto un cartel anunciaba que habíamos llegado a la meta, el mismo que indicaba los diferentes productos que se venden en el lugar, tales como mermeladas, almendras, plantas medicinales, entre otras cosas que no recuerdo.

Al entrar un espacio semicircular con gravilla en el suelo, sirve como estacionamiento, aún arriba de las bicicletas seguimos derecho hasta notar una entrada en medio de un cerco de arbustos, un estrecho sendero encementado, pensado quizás en la posibilidad de tránsito de sillas de ruedas, de coches con guaguas e incluso bicicletas, acompañado de verdes y pardos. Árboles como quiyalles, espinos y almendros en flor se distribuían en lo que parecía un circuito creado para disfrutar de la vegetación. Entre muchas opciones para seguir caminando notamos que a la derecha había una casita, después de un jardín circular lleno de salvias, toronjiles, en donde una joven mujer trabajaba en cuclillas moviendo la tierra o arreglando algo. Los saludos van y vienen, nosotras en silencio y contemplación disfrutábamos de la sorpresa del paisaje, de su belleza y su gente trabajando en una armonía que irradiaba paz.

Un hombre, el único que ví, nos señaló un lugar dónde poder apoyar nuestras bicicletas, junto a la casita, pero una de las chicas le dijo que mejor las dejáramos en el jardín protegido, dirigiéndonos al lugar por donde recién habíamos pasado, donde muchas plantas medicinales crecían en una especie de óvalo, acompañado por bancas para sentarse. En una de ellas descansamos un momento y contemplamos el entorno más inmediato, mientras degustábamos jugosas naranjas.

Pregunté por Marie o por Rosemarie, enterándonos que Marie se encontraba haciendo clases: “Ya está por terminar”, nos dijo una de las chicas que trabaja con delantal de color café claro, que llevaban todas las demás mujeres que ahí se entraban realizando alguna labor.

Entonces caminamos por el frente de la casita, pasando junto a un almendro alto, medio en flor con sus frutos del año pasado, buscando otra casita que decía “Sala de Clases”, nos dimos unas vueltas y descubrimos otro jardín semicircular, de suelo arcilloso, donde dos mujeres con el mismo delantal trabajaban alegres limpiando.

El terreno subía transformándose en pradera, una hamaca solitaria colgaba de unos espinos, como haciendo una invitación al relajo, mientras que la cordillera se asomaba por encima de nosotras. Afuera de la sala de clases, había un mesón con algunos canastos con ramitas de hierbas, parecían una especie de arreglo floral, pero con ramitas verdes.

De pronto sale un par de mujeres de la sala, también con los delantales, nos saludan y una de ellas nos pregunta en qué andamos, ella era Marie, terapeuta hortícola y fundadora de la experiencia. Le digo que vinimos a conocer el Herbarium, que mucha gente nos había hablado del lugar y que no creíamos que era tan hermoso. Luego le explicamos un poco lo que hace cada una, Stephanie del Huerto Hada Verde y yo de la investigación que me encuentro realizando en el contexto de mi tesis. Ella nos cuenta de la existencia de un seminario sobre Terapia Hortícola en el mes de noviembre, entre otras cosas, es muy amable y nos invita unas mandarinas, también nos dice que si queremos recorrer el lugar lo hagamos libremente. Los recorridos abiertos el público comenzarán en esta temporada, cuando las plantas inician el proceso de floración, es como si la primavera despertara los sentidos y las plantas.

Luego de hablar con Marie y por mi parte pedirle un tiempo para hacerle una entrevista, ella comenzó a prepararse para almorzar. En ese momento conversamos unos minutos con otra mujer que nos mostró un sector de la parcela que estaba arada, explicándonos que será destinado para el proyecto Pillpa, contándonos además de su experiencia en la selva amazónica peruana junto a la gente de Tierra para niños. Les comenté mis deseos de traer a mi hija Maitén, imaginándola corriendo por el cerro, disfrutando de las maravillas puestas en este lugar, que parece dibujado con trazos de ramas y aromas.

Después volvimos al sector del vivero, donde conversamos un rato con Elisa, quien nos contó que trabajaba como voluntaria, tratando de ir varios días a la semana. Ella hizo el curso de Terapia Hortícola, pero nos dijo que lo suyo era el trabajo práctico, estar en contacto directo con la tierra y las plantas. Stephanie se mostraba impresionada con toda la cantidad de almácigos que había, con las variedades y sobre todo con el sistema de mesones para trabajar, en donde se nota que se utiliza mucha tierra, un elemento escaso en los barrios de Providencia.

Luego continuamos libres recorriendo los senderos, cada nuevo rincón despertaba nuestro asombro, imaginando que corríamos por el campo, por la pradera. Stephanie me decía que ese lugar debía estar lleno de hadas, pues éstas llegan a los tomillos, a los romeros, lavandas y en fin a las plantas aromáticas.

Nuestra idea consistía en llegar a la huerta, lugar que descubrimos junto a un estanque circular, en donde habitaban diferentes especies, totoras, plantas flotantes e incluso pequeños peces de colores. De inmediato este sitio nos invitó a sentarnos para contemplar y conversar acerca de lo que veíamos, de nuestros sueños por volver al campo, nuestro anhelo por conseguir un lugar donde dejar crecer nuestras raíces.

En la huerta vimos habas, acelgas, lechugas, en medio de plantas aromáticas y medicinales como la borraja, la salvia. Nos impresionó, también un gran matico que parecía árbol, entre otros antiguos como espinos, maitenes y quiyalles. Asimismo el sendero de limones que indicaba otro sector.

Cerca de las dos de la tarde decidimos regresar, pues el ritmo de la ciudad externa comenzaba a invadir nuestras mentes, el descenso en bicicleta fue el premio al esfuerzo anterior, en unos segundos estábamos inmersas nuevamente en la gran ciudad capitalina.

Martes 26 de agosto de 2008, 12:00 a 14:00 hrs.


Escrito por Sofía Hernández
Fotografías tomadas desde www.herbarium.cl

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